viernes, 26 de marzo de 2010

Los niños malos no existen

En el Blog Me crecen los enanos ví éste libro del que hoy les hablo, y al leer su post que habla de como uno encasilla a los niños por sus acciones, muy interesante y lo quería compartir, a mí me pasó algo así con mi niño mayor, cuando tenía 2 años pegaba y mordía, la gente en el barrio me decía ¡ pero que niño malo! - odiaba que le digan así-. No creo que por eso haya sido malo, simplemente es una etapa por la que algunos niños pasan a esa edad. Un niño no es malo, son inocentes,y a veces su entorno hace que se porten de determinada manera, pero malos no son.


Historia de un niñito bueno. Historia de un niñito malo

Mark Twain. Ilustraciones de Ricardo Peláez

FCE - México, 2005




por Karla B. García -FCE

¿Quién dice que portarse bien es bueno? ¿Quién dice que portarse mal es malo? Es más…,

¿qué significa ser bueno o ser malo? Como una fábula contemporánea que rompe con el

estereotipo de la moraleja –y en algunos casos de la moralina–, Historia de un niñito bueno.

Historia de un niñito malo, del humorista universal Mark Twain, irrumpe en la conciencia

social para cuestionar los valores impuestos por un grupo de personas, fieles a la “escuela

dominical”.

Hábilmente ilustrado por el artista Ricardo Peláez, el libro semeja una comedia de

enredos, cuyos personajes, es decir, el “bueno” y el “malo”, terminan reflejándose en una

sola imagen: la del espectador que se ve a sí mismo en ambos. A veces, noble y bien

portado frente a los demás. Otras, egoísta, malintencionado, envidioso y prepotente.

En esta obra de claroscuros, el destino de los personajes no cumple con los

lineamientos establecidos por una sociedad hipócrita. Jacob Blivens, el niño obediente,

estudioso, que jamás miente –ni siquiera por conveniencia–, al que sus compañeros no

comprenden (piensan que está medio tocado), vive lejos de la felicidad que pintan los libros

de la “escuela dominical”. Por más que intenta ser bueno, todo le sale mal. Por más que se

esmera en hacer el bien, siempre se las ve negras.

Al tiempo que Jacob sueña con aparecer en un libro ilustrado, que lo capte

negándose rotundamente a mentirle a su madre, mientras ella llora de emoción, Jim, el

niñito malo –a cuya fortachona madre no le importa su hijo–, suele librar sin obstáculos

los problemas en que se mete. Tales son sus travesuras que un día, después de robarse la

llave de la despensa, abrirla y servirse una buena cantidad de mermelada, llena el tarro con

chapopote para que su mamá no se dé cuenta.

Distante de las historias que cuentan los libros de la iglesia, en lugar de sentir culpa

por jugarle chueco a su santa madre, dice en tono burlón: “La vieja se va a poner negra de

coraje”. Nada concuerda con la idea que nos han vendido sobre ser bueno y ser malo. Ni el

niñito bueno encuentra la paz en sus heroicos actos, ni nadie reconoce su esfuerzo por el

simple hecho de que todo le resulta al revés. Lo mismo sucede con el niñito malo, que en

su afán de exhibirse como un malvado ante sus amigos, termina convirtiéndose en la

víctima.

A través de un lenguaje claro, que sin duda armoniza con el trabajo de Ricardo

Peláez al crear dibujos que amplían la experiencia lectora, con coloridas dimensiones, Mark

Twain pone en tela de juicio lo que dicta la iglesia. Se burla de la realidad en que viven sus

personajes, dejando claro que las posibilidades de la literatura son tan infinitas como la

imaginación o la realidad.


Más info sobre éste libro Revista Imaginaria


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