viernes, 19 de junio de 2015

Berk Oztur ilustrador


Berk Öztürk es un ilustrador de Estambul, Turquía. Le fascinan temas oscuros y melancólicos.

Más ilustraciones en la web de Cultura Inquieta.

La página de Berk Ozturk en Facebook y la web del ilustrador.

martes, 16 de junio de 2015

Hablando de Librerías con encanto, el post de hoy está dedicado a la Librería "Palabras sin prisa"

Silvia Berducci cumplió el sueño de tener una librería propia: "Palabras sin prisa" Librería de libros... ( Historias como la suya me animan a seguir soñando, y como ella me dijo: tené cuidado con lo que soñás, se te puede cumplir)

A continuación comparto lo que me contó Silvia acerca de su librería:



La librería se acomodó con intensidad y como una ilusión hace mucho tiempo. Comenzó a activarse la idea en otra librería que se encuentra dentro de la facultad de Bellas Artes de La Plata,  en la que hace quince años soy librera.  El principio se dio acercándoles a los estudiantes, fundamentalmente de dibujo e ilustración, libros álbum e ilustrados, priorizando la imagen en este caso.
Luego se fueron fusionando simultáneamente varios hechos, entre ellos tuve a mi niño, asistí a varios seminarios de literatura infantil y juvenil.  Estos acontecimientos hicieron que descubriera el valor enorme de estos libros y lo que generan en los niños. Las ediciones cuidadas, la estética, el contenido, la tipografía, el papel, son detalles que he tenido en cuenta para elegir los títulos. Mientras tanto el sueño-idea-proyecto seguía rondando. Hasta que en junio de 2014 decidí que FUERA. La librería vive en un espacio pequeño, al que se le puso color  y muchos libros, y también, de manera consciente, se dispusieron la mayoría de los libros exhibiendo su tapa, se le dio un lugar a los poemarios y a los muy buenos libros relacionados con la ciencia.


La librería me llena de satisfacciones. Porque veo cumplido mi sueño, porque muchos de los que la visitan sienten, ven y expresan  exactamente lo que soñé en el inicio, y más también. Ellos se sorprenden, se emocionan. Pero, esencialmente, lo que nunca debo olvidar es que con cada libro que leo, selecciono e invito a leer estoy formando mínimamente a una niña y/o niño.



Libros Ilustrados    Libros Álbum
         Literatura Infantil y Juvenil
                        Libros para niños y…no tanto
         “No  se  puede mirar  y  leer  un  libro  mientras  uno  va corriendo”

Palabras sin Prisa…


Un lugar donde se puede estar entre libros.  No para mirarlos y leerlos de un tirón, sino para habitarlos. Donde puedan entenderse y relacionarse diversas miradas, desalineadas imágenes, letras fuera de control, papeles ruidosos, versos capaces de hacer sentir aromas y sabores, palabras escondidas y silencios que hablan. Todo está  dispuesto para ser invadido por los ojitos de los niños, teniendo como premisa que puedan ver con “los ojitos de adentro”. Ellos son los guías incondicionales del tiempo y del espacio. Esta librería es una guarida donde pululan libros especialmente reunidos. Y mediante esa personal compilación  intenta también promover un espacio donde los adultos puedan encontrar ilustraciones maravillosas y la poética de lo sencillo y profundo… 
Un sitio donde al entrar sientan: “estos son los libros que hubiera querido tener de niño”.

En cada una de sus palabras estoy de acuerdo porque en su pequeña pero encantadora librería-la conozco por fotos que comparte en su página de Facebook- nada queda librado al azar, cada libro es elegido con mimo por la librera Silvia y aún a la distancia invita a leer.

¡Gracias por tus palabras Silvia!



Palabras sin prisa

13 n° 1415 entre 61 y 62

Plata

0221 15-637-5544

lunes, 15 de junio de 2015

15 de Junio " Día Nacional del Libro"

Desde muy chiquita me gustó leer, los libros siempre me acompañaron y lo siguen haciendo, intento transmitir ese amor a mis chicos y creo que lo estoy logrando, el más grande - que tiene 11 años- me propuso armar un club de lectura -hasta ahora somos él y yo- estamos leyendo "La historia interminable" de Michael Ende; y me decía que había visto en un dibujito sobre los clubs de lectura y que además de leer tomaban té, así que preparo un té con unas galletitas y nos sentamos en el living de casa y empieza el club de lectura, leemos una página cada uno, me encantó la idea y el más chico  que tiene 8 años le encantan las historias, él se las arma sólo y tiene mucha imaginación.

«Es necesario tratar con cuidado los libros porque llevan una persona dentro, el autor.» 





ODA AL LIBRO
(PABLO NERUDA)
LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.
Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.
Hoy se festeja el "Día Nacional del Libro", ésta celebración comenzó en Argentina el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro". Ese día se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro". El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro"para la misma fecha, expresión que se mantiene actualmente.

Link de interés:

Ministerio de Educación de la Nación Argentina


martes, 9 de junio de 2015

#‎CasaAnitaNoMarxa‬

Casa Anita Llibres es una de las librerías infantiles y juveniles de referencia en Barcelona-le dediqué varios post en mi blog  como éste porque es una de mis favoritas- y ahora necesita ayuda.
La inmobiliaria Pruedo, que ha adquirido el edificio del barrio de Gràcia en cuyos bajos se encuentra la librería, quiere que se marchen antes de final de mes, tal como ha conseguido con el resto de vecinos.
Para impedirlo invitan a la comunidad a participar en la recogida de firmas que se está realizando tanto en su librería como en otras librerías y tiendas del barrio, de Barcelona y de Mataró, como Atzavara Llibreria, Llibreria Documenta, Llibreria Al·lots, Abracadabra llibres per a nens, La Petita...

 ‪Bajo el hashtag #‎CasaAnitaNoMarxa‬ se puede encontrar más información y además varios ilustradores se suman en ésta campaña de apoyo a  Casa Anita Llibres.

Más encontrar más información en este artículo de Rafael Vallbona para "El Mundo"


Fotos extraídas de La Directa.

Desde Mi Libroteka Blog  le doy todo mi apoyo a Oblit con su preciosa Casa Anita. 

MANOS. Cuento del libro "Socorro" de Elsa Bornemann

De tarea le dieron a mi hijo de 11 años leer el cuento "Manos" del Libro  Socorro de Elsa Bornemann, y lo encontré en internet y acá lo comparto, excelente!





"Manos"

Montones de veces —y a mi pedido— mi inolvidable tío Tomás me contó esta historia "de miedo" cuando yo era chica y lo acompañaba a pescar ciertas noches de verano.

Me aseguraba que había sucedido en un pue¬blo de la provincia de Buenos Aires. En Pergamino o Junín o Santa Lucía... No recuerdo con exactitud este dato ni la fecha cuando ocurrió tal acontecimiento y —lamentablemente— hace años que él ya no está para aclararme las dudas. Lo que sí recuerdo es que —de entre todos los que el tío solía narrarme mientras sostenía la caña sobre el río y yo me echaba a su lado, cara a las estrellas— este relato era uno de mis preferidos.
—¡Te pone los pelos de punta y —sin embargo— encantada de escucharlo! ¿Quién entiende a esta sobrina? —me decía el tío—. Ah, pero después no quiero quejas de tu mamá, ¿eh? Te lo cuento otra vez a cambio de tu promesa...
Y entonces yo volvía a prometerle que guardaría el secreto, que mi madre no iba a enterarse de que él había vuelto a narrármelo, que iba a aguantarme sin llamarla si no podía dormir más tarde cuando —de regreso a casa— me fuera a la cama y a la soledad de mi cuarto.
Siempre cumplí con mis promesas. Por eso, esta historia de manos —como tantas otras que sospecho eran inventadas por el tío o recordadas desde su propia infancia— me fue contada una y otra vez.
Y una y otra vez la conté yo misma —años después— a mis propios "sobrinhijos" así como —ahora— me dispongo a contártela: como si —también— fueras mi sobrina o mi sobrino, mi hija o mi hijo y me pidieras:
—¡Dale, tía; dale, mami, un cuento "de miedo"!
Y bien. Aquí va:

Martina, Camila y Oriana eran amigas amiguísimas.
No sólo concurrían a la misma escuela sino que —también— se encontraban fuera de los horarios de las clases. Unas veces, para preparar tareas escola¬res y otras, simplemente para estar juntas.
De otoño a primavera, las tres solían pasar algunos fines de semana en la casa de campo que la familia de Martina tenía en las afueras de la ciudad.
¡Cómo se divertían entonces! Tantos juegos al aire libre, paseos en bicicleta, cabalgatas, fogones al anochecer...
Aquel sábado de pleno invierno —por ejemplo—lo habían disfrutado por completo, y la alegría de las tres nenas se prolongaba —aún— durante la cena en el comedor de la casa de campo porque la abuela Odila les reservaba una sorpresa: antes de ir a dormir les iba a enseñar unos pasos de zapateo americano, al compás de viejos discos que había traído especialmente para esa ocasión.
Adorable la abuela de Martina. No aparentaba la edad que tenía. Siempre dinámica, coqueta, de buen humor, conversadora. Había sido una excelente bailarina de "tap"1. Las chicas lo sabían y por eso le habían insistido para que bailara con ellas.
—¿Por qué no lo dejan para mañana a la tardecita, ¿eh? Ya es hora de ir a descansar. Además, la abuela no paró un minuto en todo el día. Debe de estar agotada.
La mamá de Martina trató —en vano— de convencerlas para que se fueran a dormir a las cuatro y no sólo a las niñas, porque la abuela tampoco estaba dispuesta a concluir aquella jornada sin la anunciada sesión de baile. Así fue como —al rato y mientras los padres, los perros y la gata se ubica¬ban en la sala de estar a manera de público— la abuela y las tres nenas se preparaban para la fun¬ción casera de zapateo americano.
Afuera, el viento parecía querer sumarse con su propia melodía: silbaba con intensidad entre los árboles.
Arriba —bien arriba— el cielo, con las estrellas escondidas tras espesos nubarrones.
La improvisada clase de baile se prolongó cerca de una hora. El tiempo suficiente como para que Martina, Camila y Oriana aprendieran —entre risas— algunos pasos de "tap" y la abuela se quedara exhausta y muy acalorada.
Pronto, todos se retiraron a sus cuartos.
Alrededor de la casa, la noche, tan negra como el sombrero de copa que habían usado para la función.
Las tres nenas ya se habían acostado. Ocupaban el cuarto de huéspedes, como en cada oportunidad que pasaban en esa casa.
Era un dormitorio amplio, ubicado en el primer piso. Tenía ventanas que se abrían sobre el parque trasero del edificio y a través de las cuales solía filtrarse el resplandor de la luna (aunque no en noches como aquella, claro, en la que la oscuridad era un enorme poncho cubriéndolo todo).
En el cuarto había tres camas de una plaza, colocadas en forma paralela, en hilera y separadas por sólidas mesas de luz.
En la cama de la izquierda, Martina, porque prefería el lugar junto a la puerta. En la cama de la derecha, Camila, porque le gustaba el sitio al lado de la ventana.
En la cama del medio, Oriana, porque era mie¬dosa y decía que así se sentía protegida por sus amigas.
Las chicas acababan de dormirse cuando las despertó —de repente— la voz del padre. Terminaba de vestirse —nuevamente y de prisa— a la par que les decía:
—La abuela se descompuso. Nada grave —cree¬mos—, pero vamos a llevarla hasta el hospital del pueblo para que la revisen, así nos quedamos tranquilos. Enseguida volvemos. Ah, dice mamá que no vayan a levantarse, que traten de dormir hasta que regresemos. Hasta luego.
¿Dormir? ¿Quién podía dormir después de esa mala noticia? Las chicas no, al menos, preocupa¬das como se quedaban por la salud de la querida abuela. Y menos pudieron dormir minutos des¬pués de que oyeron el ruido del auto del padre, saliendo de la casa, ya que a la angustia de la espera se agregó el miedo por los tremendos rui¬dos de la tormenta que —finalmente— había decidido desmelenarse sobre la noche.
Truenos y rayos que conmovían el corazón.
Relámpagos, como gigantescas y electrizadas luciérnagas.
El viento, volcándose como pocas veces antes.
—¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! —gritó Oriana, de repente.
Las otras dos también lo tenían pero permane¬cían calladas, tragándose la inquietud.
Martina trató de calmar a su amiguita (y de calmarse, por qué negarlo) encendiendo su velador. Camila hizo lo mismo.
La cama de Oriana fue —entonces— la más iluminada de las tres ya que —al estar en el medio de las otras— recibía la luz directa de dos veladores.
—No pasa nada. La tormenta empeora la situa¬ción, eso es todo —decía Martina, dándose ánimo ella también con sus propios argumentos.
—Enseguida van a volver con la abuela. Seguro —opinaba Camila.
Y así —entre las lamentaciones de Oriana y las palabras de consuelo de las amigas más corajudas— transcurrió alrededor de un cuarto de hora en todos los relojes.
Cuando el de la sala —grande y de péndulo— marcó las doce con sus ahuecados talanes, las jovencitas ya habían logrado tranquilizarse bastan¬te, a pesar de que la tormenta amenazaba con tornarse inacabable.
Las luces se apagaron de golpe.
—¡No me hagan bromas pesadas! —chilló Oriana—¡Enciendan los veladores otra vez, malditas! —y asustada, ella misma tanteó sobre las mesitas para encontrar las perillas.
Sólo encontró las manos de sus amigas, haciendo lo propio.
—¡Yo no apagué nada, boba! —protestó Camila.
—¡Se habrá cortado la luz! —supuso Martina.
Y así era nomás. Demasiada electricidad haciendo travesuras en el cielo y nada allí —en la casa— donde tanto se la necesitaba en esos momentos...
Oriana se echó a llorar, desconsolada.
—¡Tengo miedo! ¡Hay que ir a buscar las velas a la cocina! ¡Hay que bajar a buscar fósforos y velas! ¡O una linterna!
—"¡Hay que!" "¡Hay que!" ¡Qué viva la señorita! ¿Y quién baja, ¿eh? ¿Quién?—se enojó Camila—. Yo, ¡ni loca!
—¡Yo tampoco! —agregó Martina—. Esta Oriana se cree que soy la Superniña, pero no. Yo también tengo miedo, ¡qué tanto! Además, mi mamá nos recomendó que no nos levantáramos, ¿recuerdan?
Oriana lloraba con la cabeza oculta debajo de la almohada. 
—Buaaaah... ¿Qué hacemos entonces? ¡Me muero de miedo! Por favor, bajen a buscar velas... Sean buenitas... Buaaah...
Martina sintió pena por su amiga. Si bien eran de la misma edad, Oriana parecía más chiquita y se comportaba como tal. Se compadeció y actuó —entonces— cual si fuera una heramana mayor.
—Bueno, bueno; no llores más, Ori. Tranquila... Se me ocurrió una idea. Vamos a hacer una cosa para no tener más miedo, ¿sí?
—¿Qué..? —balbuceó Oriana.
—¿Qué cosa? —Camila también se mostró intere¬sada, lógico (aunque seguía sin quejarse, el temor la hacía temblar). Martina continuó con su explicación:
—Nos tapamos bien —cada una en su cama— y estiramos los brazos, bien estirados hacia afuera, hasta darnos las manos.
Enseguida, lo hicieron.
Obviamente, Oriana fue la que se sintió más amparada: al estar en el medio de sus dos amigas y abrir los brazos en cruz, pudo sentir un apretoncito en ambas manos.
—¡Qué suertuda Ori!, ¿eh? —bromeó Camila.
—Desde tu cama se recibe compañía de los dos lados...
—En cambio, nosotras... —completó Martina— sólo con una mano...
Y así —de manos fuertemente entrelazadas— las tres niñas lograron vencer buena parte de sus miedos.
Al rato, todas dormían.
Afuera, la tormenta empezaba a despedirse.
Gracias a Dios, la abuela ya se siente bien —les contó la madre al amanecer del día siguiente, en cuanto retornaron a la casa con su marido y su suegra y dispararon al primer piso para ver cómo estaban las chicas—. Fue sólo un susto. Como —a su regreso— las niñas dormían plácidamente, la abuela misma había sido la encargada de despertarlas para avisarles que todo estaba en orden. ¡Qué alegría!
—Así me gusta. ¡Son muy valientes! Las felicito —y la abuela las besó y les prometió servirles el desayuno en la cama, para mimarlas un poco, des¬pués de la noche de nervios que habían pasado.
—No tan valientes, señora... Al menos, yo no... —susurró Oriana, algo avergonzada por su comportamiento de la víspera—. Fue su nieta la que consiguió que nos calmáramos...
Tras esta confesión de la nena, padres y abuela quisieron saber qué habían hecho para no asustarse demasiado.
Entonces, las tres amiguitas les contaron:
—Nos tapamos bien, cada una en su cama como ahora...
—Estirarnos los brazos así, como ahora...
—Nos dimos las manos con fuerza, así, como ahora...
¡Qué impresión les causó lo que comprobaron en ese instante, María Santísima! Y de la misma no se libraron ni los padres ni la abuela.
Resulta que por más que se esforzaron —estirando los brazos a más no poder— sus manos infantiles no llegaban a rozarse siquiera.
¡Y había que correr las camas laterales unos diez centímetros hacia la del medio para que las chicas pudieran tocarse —apenas— las puntas de los dedos!
Sin embargo, las tres habían —realmente— senti¬do que sus manos les eran estrechadas por otras, no bien llevaron a la acción la propuesta de Martina.
—¿Las manos de quién??? —exclamaron enton¬ces, mientras los adultos trataban de disimular sus propios sentimientos de horror.
—¿De quiénes??? —corrigió Oriana, con una mueca de espanto. ¡Ella había sido tomada de ambas manos!
Manos.
Cuatro manos más aparte de las seis de las niñas, moviéndose en la oscuridad de aquella noche al encuentro de otras, en busca de aferrarse entre sí.
Manos humanas.
Manos espectrales.

(Acaso a veces, de tanto en tanto, los fantasmas también tengan miedo... y nos necesiten...)

jueves, 28 de mayo de 2015

Invitada de lujo en la Biblioteca La Nube: Isol


El próximo lunes 1 de junio, en el marco del ciclo de ‪#‎EncuentrosLIJ‬, será entrevistada Isol, la distinguida escritora e ilustradora, ganadora del Premio Astrid Lindgren en 2013, por Mario Méndez. El encuentro se realizará en la Biblioteca "La Nube" a las 18 hs. La actividad es totalmente gratuita y requiere inscripción previa a bibliotecasparaarmar@gmail.com

Vía: Bibliotecas para armar blog

miércoles, 20 de mayo de 2015

Quiero ese libro



Ésta es una de las 120 imágenes de la Muestra  de Gabriel Casas "Fotografía, información y modernidad, 1929-1939"

La misma se podrá visitar en el Museu Nacional D´Art de Catalunya hasta el 30 de agosto.

Casas "contribuyó a la renovación de la forma de informar con imágenes", teniendo en cuenta aspectos sociales y psicológicos además de estéticos, y experimentó con elementos del diseño gráfico y la publicidad, así como los propios de la Nueva Visión --fotomontajes, puntos de vista inusuales, abstracción y repetición de elementos, entre otros.
Más información en la web del Museu Nacional  D´Art de Catalunya